Sexo, género y salud: los múltiples roles de las mujeres

Por Ana Langer*

En todas las sociedades y épocas, las mujeres se han caracterizado por cumplir múltiples papeles cuya integración no es fácil y, a veces, hasta resulta imposible. Las mujeres, por su biología o sexo, son las encargadas de la reproducción. Si bien la contribución de los hombres es imprescindible (ellos son quienes proveen los espermatozoides y su carga genética), el resto del proceso reproductivo básicamente recae en las mujeres desde el punto de vista biológico y social. Las parejas pueden ayudar, apoyar y acompañar en mayor o menor medida, pero son los cuerpos de las mujeres, su esfuerzo y su tiempo, los que determinan los gozos y desafíos de la maternidad.

Las mujeres también cumplen un papel fundamental como las cuidadoras de la salud de las familias y comunidades. Esos roles, presentes en todas las sociedades, no dependen del sexo biológico sino del género. Los roles de género son construcciones sociales que establecen los comportamientos, las actividades, las expectativas y las oportunidades que se consideran apropiadas en un determinado contexto sociocultural para hombres y mujeres. El género también hace referencia a las relaciones entre las personas y a la distribución del poder en esas relaciones. Si bien el género guarda relación con el sexo biológico (hombres y mujeres), no se corresponde forzosamente con éste. De hecho, actualmente se reconoce un amplio rango de identidades de género.

Pero volvamos a las mujeres y sus múltiples papeles en los cuidados a la salud, empezando por las tareas que ellas desarrollan en los hogares y comunidades. Como resultado de expectativas de género, las mujeres son quienes cuidan a niños y familiares con problemas crónicos o de edad avanzada en las familias. Las mujeres desempeñan este papel, que se da por hecho, intuitivamente, generalmente sin información especifica y sin que exista una conexión clara con los sistemas de salud. Estas tareas no se reconocen como un esfuerzo especial, sino que se descuentan como algo que les “toca” a las mujeres. Con muy pocas excepciones, las sociedades no compensan monetariamente estas tareas.

El ámbito en que las mujeres se desempeñan como cuidadoras de la salud no se limita a los hogares. En los países donde existen programas de atención a la salud en las comunidades, las mujeres constituyen la enorme mayoría de las trabajadoras que van de casa en casa vacunando niños, dando información a las embrazadas, tomándoles la presión a personas con riesgo de problemas cardiovasculares, entre otros muchos servicios. Este trabajo tampoco recibe el reconocimiento que merece.

Finalmente, las mujeres también son una mayoría en la fuerza de trabajo de la salud asalariada: en enfermería y en profesiones técnicas, el 90% o más son mujeres, y en medicina la proporción de mujeres en las facultades y en muchas especialidades ya es más del 50%. En los sistemas de salud, sin embargo, las mujeres también están en desventaja en términos de sus salarios, ya que ganan menos que los hombres que realizan las mismas tareas, no acceden a puestos directivos y, con frecuencia, abandonan la profesión por falta de políticas nacionales o institucionales que las ayuden a integrar sus múltiples, y a veces incompatibles, papeles.

Esta falta de apoyo a las mujeres para que puedan integrar sus diversos roles biológicos y sociales representa una gran pérdida para las mujeres mismas, sus familias y las sociedades. Para cerrar las brechas de género y avanzar hacia realidades mas justas y equitativas, debemos tomar conciencia de estas diferencias y las causas que las originan y comprometernos a resolverlas, desde cualquier lugar que ocupemos. 

* Ana Langer es Profesora de la Práctica de la Salud Pública y Coordinadora de la Iniciativa de Mujeres y Salud, Departamento de Salud Global y Población, Escuela de Salud Pública T.H. Chan de Harvard.

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